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PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ
Oración y Homilías del Párroco

En esta página se presentan la oración que el Padre Marcos, recomienda que la hagamos a diario, en cada momento, que consideremos oportuno. Además se transcribirán las Homilías, dominicales y de otros días, cuyo contenido sea importante difundir por este medio.

1- El Padre Marcos a la comunidad:
Les recomiendo esta Oración para todos los días:

Bendito y Alabado el que creó al mundo...
Bendito sea el que derrama y extiende sobre la tierra su amor, misericordia y perdón...
Bendito el que trata a sus hijos con justicia y busca recompensar al pobre y humilde de corazón...
Bendito el que vive eternamente y subsiste para siempre...
Bendito el que libera y salva...
Bendito el que nos ha dado lo que tenemos...
Bendito y Alabado sea su nombre...
Bendito sea el Señor, ayer, hoy y siempre.

AMEN

*** También el Padre Marcos Linares recomienda estas afirmaciones para nosotros mismos, todos los días:

* Seamos tan fuertes que nada pueda perturbar la paz de la mente y del corazón.

* Hablar de salud, de felicidad y prosperidad a todos aquellos con quienes tengas que trabajar.

* Hacer que tus amigos sepan de algo bueno y noble que hay en ellos.

* Mirar todas las cosas por el lado bueno y procurar que tu entusiasmo se haga real y verdadero.

* Pensar solo en lo mejor, trabajar por lo mejor y esperar lo mejor.

* Ser justo y entusiasta por el éxito de otros, como lo eres por el tuyo propio.

* Olvidar los errores del pasado y perseverar para las más grandes obras del futuro.

* Mantener un semblante alegre todo el tiempo y tener siempre una sonrisa para tus semejantes.

* Ocuparte del mejoramiento de ti mismo de tal forma que no tengas tiempo de criticar a los demás.

* Tener alma grande para el sufrimiento y mucha nobleza para la cólera; fortaleza para el temor y felicidad para no permitir la presencia de la tristeza.

* Pensar bien de ti mismo y proclamar este hecho al mundo, no en voz alta sino en obras meritorias.

* Aumentar tu fe en el amor que Dios te tiene.

* Y por último conozcamos que Dios necesita que le reconozcamos, en el que sufre y en quien espera que le demos la mano como hermano.

También les recomiendo que tomen sus biblias y lean 2a. Corintios 6; 1-10

DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO

Para este domingo día del Señor debemos grabar en el corazón, la siguiente expresión: la fortaleza viene del Cielo.
Elías después de tantas victorias se ve perseguido por la policía de la reina Jezabel. Y cansado de tanta persecución le dice al Señor: Quítame la vida. Es grande la decepción y hasta la depresión del profeta. ¡Cuántas depresiones y decepciones al igual que Elías tenemos que pasar y afrontar!. Sin embargo, Dios está como siempre bien pendiente de sus hijos. Es así como le ofrece, por medio de su mensajero, el ángel, pan y agua. Dios está muy interesado en hacernos recobrar fuerzas y esperanza. Para continuar por el desierto.
Dios a nadie libera de la lucha hasta que no se cumpla su voluntad. Eso si, ante toda clase de debilidad humana se manifiesta con su inmenso poder desde lo alto.
Dios busca siempre robustecernos y motivarnos. Por medio de la oración, de la fe, de personas que buscan el bien, de buenas lecturas y a través de los sacramentos. Especialmente de la Eucaristía.
Un principio cristiano podemos sacar de la palabra de Dios en este domingo: los momentos de depresión nos sirven para salir como Elías confiando más en el poder, en la bondad y en el amor del Señor.
Hermanos: cada Eucaristía tiene la gracia de ayudarnos a vencer la depresión, la tristeza y el desaliento.
Ya lo dice el ángel, por segunda vez: Levántate y come, porque aún te queda un largo camino. Elías comió y se hizo fuerte. Cada vez que recibimos a Cristo en el banquete de la Eucaristía nos hacemos fuertes.
Se trata de aplicar la antífona del Salmo 33, Haz la prueba y verás que bueno es el Señor.
En la segunda lectura se nos propone practicar y vivir a plenitud la vida cristiana. Dice San Clemente: el buen cristiano debe esforzarse constantemente por imitar a Dios en todo lo que más pueda. Para esto amar como Cristo amó.
Aquí me viene a la memoria un cuento:
En una oportunidad un rey sentía que llegaba el fin de sus días. Entonces, empezó a llamar a sus cuatro hijos y les hacía una pregunta para saber a quién dejaba como autoridad en su reino. Llamó al primero: Felipe si yo muero y tú eres el rey que harías. Contestó: armaría a toda la población, porque el futuro de una nación está en sus armas. El rey le dijo: pensaré tu respuesta.
Llamó al segundo, le hizo la misma pregunta. Carlos respondió: haría muchas escuelas porque el futuro de una nación está en sus profesionales, en su educación. El rey dijo: pensaré tu respuesta.
Llamó al tercero: Juan qué harías: construiría iglesias, contestó, porque el futuro depende de la religión de una nación. Dijo el rey pensaré tu respuesta.
Llamó al último hijo y nada qué aparecía. Cuando apareció el rey le dijo: ¿Es qué acaso no quieres ser el rey cuando muera?. Pedro le dijo: sí padre. Lo que pasó fue que me enteré que el cuidador de la caballeriza sufrió un accidente por un caballo que le golpeó. Y quise acercarme para ver en qué le podía ayudar. Entonces el rey le dijo tú serás mi heredero. Porque sabes lo que quiere la gente. Y lo más importante: que toda autoridad implica servicio; mucho pero mucho amor y caridad por el otro.
Pidamos pues, a Dios que por infinito amor quiso servirnos entregándonos a su Hijo para conseguir la salvación, que seamos capaces de ayudarnos unos a otros. Alimentándonos de la Eucaristía, del único pan vivo bajado del Cielo. Pues sólo de él viene la ayuda y la fortaleza.
P. Marcos Linares.

HOMILIA DEL DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO

Hoy en el día del Señor la Palabra nos invita a proponernos amar a Dios en todo y sobre todo. Para obtener los bienes que no podemos ni siquiera imaginar.
Qué quiere Dios para nosotros? Entre tantas cosas, me atrevo a señalar, humildemente:
1. Que disfrutemos del banquete que nos ha preparado. Dice la primera lectura: ha mezclado el vino y puesto la mesa.
2. Que dejemos de ser ignorantes y avancemos por el camino de la prudencia. La Eucaristía se nos propone como remedio inmediato para ello.
3. Que le reconozcamos como un Dios bondadoso. Muchos podemos estar pensando en estas alturas en un Ser que nos envía toda clase de tragedias. Que goza con vernos caer o sufrir. Y resulta que ante estas situaciones reales y difíciles que tenemos que afrontar, Dios quiere que le acudamos como nuestro refugio, fortaleza, ánimo y esperanza. Que jamás podamos sentir que nos deja solos. Se trata de estar siempre dispuestos a hacer la prueba y ver qué bueno es el Señor.
4. Que le amemos todos sus fieles, pues nada faltará a quienes le sirvamos, obedezcamos con sencillez y alegría.

Todo esto significa, poner de nuestra parte para evitar ser insensatos y ser más bien prudentes. Aprovechar el momento que vivimos. Tratar de entender la voluntad de Dios. Para atender al llamado de San Pablo en su carta a los Efesios.
Pidamos, llenarnos del Espíritu Santo y dar continuamente gracias a Dios. A si como, aprovechar y alimentarnos en todo momento de ese Jesús, pan vivo y tan necesario para la vida eterna.
Nunca olvidemos que el buen cristiano se define en la medida que se une intensamente a Cristo en la Eucaristía.
Los dones sacramentales (pan y vino) son medios para lograr la unión con Cristo.
La unión con Cristo exige de cada uno justicia y humildad de corazón.
Recuerdo, acerca de la humildad y de la sencillez que en una oportunidad un Señor acostumbrado a rezar todas las tardes en la capilla cerca de su casa, iba conduciendo su auto y se le daño en pleno camino. El Señor llamó una grúa dejó el auto en su garaje y se fue como de costumbre a rezar. Al llegar al templo se dio cuenta que no llevaba consigo el catecismo con el cual se ayudaba y dirigía al Señor. A si que entonces, dijo a Dios: Hoy no traigo mi catecismo pero voy a decir repetidamente el abecedario desde la A hasta la Z, para que Usted ponga en mis labios las palabras que quiere oír y que salen de lo más profundo de mi corazón. Y se oyó la voz de Dios que dijo a un ángel: es la oración más bella y hermosa que he recibido hoy.
Son las oraciones llenas de sinceridad, amor y paz las preferidas por Dios. Son los cuentos más sencillos los que agradan a nuestras mentes y nuestros corazones.
Por eso me viene también a la mente una experiencia vivida por una familia. Estaban viviendo un matrimonio con su hijo pequeño y el padre del Señor de la familia. Y cada vez que comían el abuelo sufría del mal de parkinson y dejaba caer plato, vasos, cubiertos, etcera constantemente regañado por su hijo y esposa. Cansados de esta situación le dieron una taza de madera y lo pusieron a comer muy aparte de ellos.
Al pasar de los días el padre encontró a su hijo pequeño jugando con unos trozos de madera y le llamó mucho la atención. El padre entonces le preguntó qué hacía. El niño en medio de su sencillez le respondió: estoy haciendo una taza para ti. Para cuando estés como mi abuelo. Entonces se vieron correr dos lágrimas al oír a su hijo de tan sólo cuatro añitos de edad. A partir de ese momento volvieron a integrar al abuelo a la mesa de la familia y comían con alegría, y cariño. Abundó la caridad, servicio, la bondad y el amor.
Pidamos pues, a María unida desde siempre a Cristo que podamos levantarnos con fortaleza cada vez que caigamos por tantos motivos, especialmente por la falta de solidaridad, de caridad y amor hacia los demás.
Que así como Ella confió en su Hijo Santísimo, también nosotros entendamos la Eucaristía, como una prolongación de la encarnación y un caminar junto a Jesús, quién a su vez espera y desea de cada uno, una unión total con él.
P. Marcos Linares

HOMILIA DEL DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO. 3 DE AGOSTO 2003.

Dios es el único que amorosamente, con sentimiento de Padre y de honestidad puede disponer cosas buenas para nuestra vida. Hoy queremos pedirle entre tantas cosas, que pueda moldearnos y renovarnos conforme a la imagen de su Hijo Jesús.
A pesar de Dios trazar un plan de gracia y bendición para cada uno, existe la tentación de rechazarlo.
Un ejemplo está en la primera lectura de hoy. Tomada del libro del éxodo, la cual resalta el murmullo de los hijos de Israel. Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos.
A veces nos sucede lo mismo entre nosotros. Queremos ayudar y resulta que la gente no es conforme. Y por querer hacer un bien somos juzgados, calumniados, rechazados y hasta vetados.
Moisés ante la inconformidad de la gente lo que quería era obedecer y agradarle a Dios. He aquí la clave del secreto de la alegría, paciencia y fortaleza ante la peor de las pruebas y de las dificultades.
Dios nunca desampara ni abandona a su pueblo. Acompaña a Moisés en la misión y lo hace quedar bien. Pero aun más demuestra su poder y su misericordia ante el pueblo que sufre necesidades, en especial la del hambre. Es la idea final de la primera lectura, en palabras de Moisés: Éste es el pan que el Señor les da por alimento. Es la antífona del salmo 77, El Señor les dio pan del cielo. Hizo llover maná sobre su pueblo, trigo celeste envió como alimento. Hoy también satisface al necesitado, al que viene cada sábado a nuestra parroquia. Buscando agua para bañarse, ropa para vestirse, comida para almorzar entre hermanos, médico y medicinas para sus malestares y enfermedades, Palabra de Dios y religión para su espíritu, pero sobre todo y lo más importante una mano amiga cercana que le haga sentir que vale y es importante para algunos en esta corta y ligera vida.
Por la ayuda, compasión, generosidad y bondad de los que colaboran para esta obra social cada sábado, se ve una vez más que Dios hoy, sigue haciendo que las nubes desde lo alto abran las compuertas de los cielos y así el hombre coma pan de los ángeles.
Por otra parte la plenitud de esta comida nos la ofrece a todos los que cada domingo venimos a la eucaristía, y recibimos el Pan de la Vida. Cristo cuerpo y sangre. Alimento de eternidad. No vivamos pues, sólo con el criterio de las necesidades y conformidades de éste mundo. No es el sentido de la vida ni de las enseñanzas de Cristo.
Cada día tenemos oportunidad de abandonar la antigua manera de ser y de vivir. A un lado la visión unilateral e individual y materialista de las cosas. Y demos paso al nuevo yo que quiere y reclama Dios. Se trata de ser conformes a su Hijo en la honestidad y en la santidad de la verdad. Idea central del texto de la segunda lectura de hoy. Del apóstol Pablo a los efesios (4,17.20 24).
Vamos a poner empeño en buscar a Jesús. Como lo hacían aquellos que fueron hasta Cafarnaúm pero que no sea sólo por un interés para esta vida. Pues él mismo nos dice trabajen por el alimento que dura para la vida eterna y que les dará el Hijo del hombre.
Llevemos a cabo la obra de Dios. Primero en la familia y luego en nuestra comunidad. Con paciencia, con caridad, servicio y reconciliación. Esto es creer en aquél que Dios nos envió. Y es esto lo que nos pide.
El que va hacia Jesús y cree en él, nunca tendrá hambre ni sed. Significa que jamás podrá morir si pasa necesidad. Porque el Señor estará siempre en el momento y lugar indicado para ayudarnos.
Aspiremos estar muy pero muy cerca de Jesús y nunca perdamos las esperanzas. Jesús está en tantas partes pero él prefiere pasársela en la Oración, en la Eucaristía y en el rostro del que sufre y necesita de nuestra ayuda y colaboración. Eso sí, no para agradar a los hombres sino a Dios. Significa que no ganamos nada con figurar y aparecer.
No trabajemos para que nos vean. sólo Dios conoce lo más secreto del corazón del hombre. Hagámoslo con honestidad y verdad, por encima de todo.
Hablando de estos valores quiero terminar con un cuento:
Una vez un príncipe iba a casarse con la mujer más idónea de su pueblo. Eran muchas las que aspiraban semejante lugar. Eran bellas, estudiadas y de grandes familias, de alcurnia. Entre tantas estaba también una de familia humilde pero muy enamorada del príncipe.
Para el príncipe no era fácil tal elección. Así que decidió presentarles el siguiente reto: tengo una cantidad de semillas de rosas muy bellas. Le entregaré a cada una y aquélla que me traiga la más bella y mejor cultivada será mi futura esposa. La muchacha pobre, pero animada por su familia también participó.
Pasó el tiempo y la joven nada que veía aparecer por ningún lado rastros de rosa. Llegó el momento de presentarse ante el `príncipe y todas le presentaban rosas muy bien cultivadas además de ser hermosas. Pero nuestra amiga, se presentó con su vaso de cultivo sin nada e inmediatamente el príncipe la eligió.
Todos admirados protestaron y el príncipe contestó diciendo: es ella la mujer que merezco porque todas las semillas que di eran infértil y Ella ha sido la única honesta y sincera consigo misma y por supuesto conmigo. Es esto lo que observo y deseo de mi futura esposa.
Terminemos pues diciendo que el reino de Dios es de justicia, verdad y honestidad. Y que cuando entra en juego nuestra honestidad es mejor dar la cara y perder.
Que Dios disponga muchas cosas buenas para nosotros y nos haga cada día muy semejantes a su Hijo.

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HOMILIA DEL XVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (27 de Julio 2003)

Decimos en la Oración Colecta de este domingo, 27 de julio del 2003. Padre Santo...ten misericordia de nosotros y enséñanos a usar con sabiduría de los bienes de la tierra.

En la primera lectura, tomada del segundo libro de los Reyes, vemos lo que significa saber usar los bienes de la tierra, por medio de la actitud de Eliseo.

Eliseo recibe como primicias 20 panes de cebada y grano tierno en espiga. Analicemos también nosotros, las primicias que recibimos fruto del trabajo, del esfuerzo y del amor de Dios. Para hacernos la siguiente pregunta: ¿qué tanto comparto con los más necesitados dichas primicias, regalos, dones y gracias de Dios?...

Eliseo, no toca las primicias. De inmediato las manda a que las reciban sus hermanos que están hambrientos, porque les es difícil conseguir sus alimentos.

La expresión del siervo de Dios: dáselos a la gente para que coman, significa:

Desprendimiento
Saber que primero están las necesidades de nuestros hermanos y luego las nuestras.
Vivir, tener una experiencia profunda del amor por Dios en el rostro del necesitado. En este caso del que tiene hambre, quiere comer y consigue en Eliseo una ayuda.
Usar con sabiduría de los bienes de la tierra significa que cada uno confía en Dios.

Se tiene ya la experiencia, que el esfuerzo del hombre no pasa del 1% y que en cambio Dios obra el otro 99%. Un ejemplo lo tenemos con respecto a la cantidad de panes que consigue Eliseo, eran 20. Para 100 hombres necesitados y Dios consigue que todos coman. Eliseo sólo manda que le den de comer y Dios se encarga de que realmente coman todos y que sobre incluso.

Todo esto es difícil, para la razón del hombre pero no para el corazón de Dios. La fórmula sería:

h. = mínimo esfuerzo + confianza y obediencia plena en Dios.
D = obra plena x amor.

Poniendo siempre en práctica la fórmula anterior, diremos de corazón la antífona del salmo de hoy: Bendeciré al Señor eternamente

Vamos a llevar una vida digna del llamado que hemos recibido del Padre a través del don de la vida, del bautismo y de su Palabra. A llevar una vida digna de ser cristianos y miembros de la Iglesia. Tal cual, nos lo propone San Pablo en la segunda lectura de hoy, dirigida a los Efesios: con humildad y amabilidad; comprensión, paciencia y perdón, olvido y soporte para unos de otros por igual.

Recordemos que debe reinar entre nosotros la unidad. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo y un solo Dios Padre de todos. Es el fin y sentido de cada uno que se dice cristiano y se cuenta como miembro de la Iglesia.

En el evangelio se profundiza el caso de Eliseo en Cristo. Él mismo da de comer y se prefigura aquí, el misterio de la Eucaristía. Da gracias a Dios y multiplica el pan con el esfuerzo y generosidad del joven que pone a la disposición de todos, los 5 panes y 2 pescados. Este joven del evangelio es una señal clara de saber usar los bienes, lo que tenemos, en beneficio de los demás.

Jesús obra en ayuda a los hambrientos y necesitados. Dice el evangelio que sólo los hombres eran unos cinco mil. Cristo obra y permite que sobre la gracia para los demás miembros de su Iglesia, que somos nosotros. Éste es el significado de los doce canastos que se recogieron porque sobraron.

Saber usar los bienes de este mundo significa:

1.Mirar al otro con amor. Una vez un hombre preguntó al sabio: ¿ Qué es el amor ? el sabio respondió: la ausencia total del miedo. El hombre le replicó: y ¿qué es a lo que tenemos miedo?. Al amor respondió el sabio.

2. Dar sin dolor ni arrepentimiento. Sin buscar sólo nuestros intereses. Mucho menos dar de lo que me sobra y prefiero darlo; pues me da igual que sea a la basura o al hermano.

Una vez un mendigo se encontraba a la orilla del camino pidiendo a todo el que pasaba. En eso se dio cuenta que venía el Rey. Cuando se le acercó aprovechó la oportunidad y le pidió que le regalara una moneda ( pensando para sus adentros ahora, me va a dar más de una moneda, porque el Rey es muy bueno ).

El Rey entonces le dijo: tú eres el que me debe dar a mí, pues yo soy el Rey. El mendigo le respondió que no tenía nada. El Rey le dijo que sí tenía, algo me puedes ofrecer. Nuestro amigo revisó sus bolsillos y apenas consiguió un pedazo de pan y una naranja. Entonces dijo para si, esto es mucho para el Rey. Voy a darle estos granos de arroz que tengo en este otro bolsillo. El Rey le dijo te das cuenta que si tenías algo para ofrecerme. Y cogió cinco monedas de oro y le dio una por cada grano de arroz.

Entonces el mendigo le dijo: espera, creo tener más granos por aquí. El Rey lo miró y con ternura le respondió: no. Sólo te doy por las cosas que me ofreces con corazón y sin interés.

Querer sólo agradar a Dios.
Permitir que Dios actúe ( idea de la primera y segunda lectura de hoy ).
Saber que cada bien ofrecido al prójimo necesitado, significa permitir que la gracia y el amor de Dios se multipliquen, en nosotros y en los demás.

P. Marcos Linares.

Domingo 20 de Julio de 2003 -Día del Niño-
FELICES LOS DE CORAZÓN LIMPIO, PORQUE VERÁN A DIOS...

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Un buen título para definir a los seres maravillosos que Dios manda a alegrar a muchas familias. Me refiero a los niños. A esos que en una ocasión el mismo Jesús quería tener muy cerca de él.

Jesús no sólo los quería de cerquita sino que los ponía como ejemplo en lo que se refiere a quiénes entran en su Reino. Dice el Evangelista Mateo en el capítulo 18, 1ss : En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: ¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?.

Jesús llamó a un niñito, lo colocó en medio de los discípulos y declaró: En verdad les digo: si no cambian y no llegan a ser como niños, nunca entrarán en el Reino de los Cielos. El que se haga pequeño como este niño, ése será el más grande en el Reino de los Cielos. Y el que recibe en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe.

Son los niños los que enseñan muy bien el significado de la confianza, la esperanza y el amor. Esa enseñanza que es útil a todo cristiano con respecto a Dios. Ellos tienen estos sentimientos para con sus padres.

Por otra parte son los niños los más sinceros, sencillos y verdaderos seres que existen. Hasta tal punto que los mismos padres pasan pena muchas veces por lo directos y francos que son. No callan, no disimulan, no son falsos y tampoco maquinan ningún tipo de perversión. ¡Qué triste que muchas veces (aunque sin generalizar) tengan que perder estos sentimientos por los seres que más se dicen quererlos..!. Lo cual es muy grave, por cierto, para Cristo pues dice: Al que haga caer a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le sería que le amarraran al cuello una gran piedra de moler y que lo hundieran en lo más profundo del mar.

Pero mucho más triste es que existan personas que no les quieren brindar el don de la vida que a todos gratuitamente nos regala Dios.

También es una gran lástima, que otros le traigan a éste mundo y luego le abandonen, como si se tratara de cualquier cosa desechable que abandonamos con facilidad en cualquier pipote o bolsa de basura, que nos conseguimos por las calles.

Por otra parte doy gracias a Dios por los buenos padres que les reciben como regalo de él. Pues decía S. Gregorio Magno: El amor de Dios en nosotros, hace siempre cosas grandes.

Gracias a Dios, por las personas que les ayudan; y apoyan desde todo punto de vista, cualquier labor, que tenga que ver con el bienestar de los niños.

Al mismo tiempo pido para que existan más personas generosas que ayuden en contra del hambre y muerte de estos ángeles que caen sobre la tierra.

Pido a Dios para que exista entre los padres separados más cordialidad y menos resentimientos.

Recordemos finalmente, que si hay más pronunciamientos de amor se multiplicarán más las sonrisas de cada uno de ellos. Si tenemos más paciencia será más la felicidad por ellos. Si hacemos el esfuerzo por entenderlos será mucho más amena la existencia y la convivencia, entre ellos y nosotros.

Feliz día del niño, que Dios y María los bendigan, y nos permitan a nosotros parecernos cada día más a ellos.

P. Marcos Linares.

HOMILIA DEL XVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO -20 de Julio 2003-

En este domingo, día del Señor resucitado, pedimos multiplique en nosotros los dones de su gracia. Recordando que la fe, esperanza y caridad nunca deben faltarnos en el cumplimiento de sus mandatos.

Decimos desde el corazón al Señor que nos mire con amor. Pero él quiere, que también nosotros nos miremos así.

Recuerdo, entonces el cuento de las dos ranas que cayeron en un hoyo:

Un grupo de ranas viajaba por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un hoyo profundo. Todas las demás ranas se reunieron alrededor del hoyo, le dijeron a las dos ranas en el fondo que para efectos prácticos, se debían dar por muertas ya que no saldrían.

Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron tratando de saltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas. Las otras seguían insistiendo que sus esfuerzos serían inútiles.

Finalmente, una de las ranas puso atención a lo que las demás decían y se rindió. Ella se desaplomó y murió.

La otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible. Una vez más, la multitud de las ranas le gritaba y le hacían señas para que dejara de sufrir y que simplemente se dispusiera a morir, ya que no tenía sentido seguir luchando. Pero la rana saltaba cada vez con más fuerzas hasta que finalmente logró Salir del hoyo.

Cuando salió, las otras ranas le dijeron: nos da gusto que hayas logrado salir, a pesar de lo que te gritamos. La rana les dijo soy sorda, y pensé que me animaban a esforzarme más y salir del hoyo.

También recuerdo el cuento de aquél ratón que en una ocasión vio que el dueño de la casa, abría un paquete enorme. Pensó el ratón que era un sabroso queso. Sin embargo cuando vio el contenido del empaque se dio cuenta que era una trampa de cazar ratones.

Salió asustado al patio de la casa y le contó a la gallina y ésta sin más, le dijo que no entendía de eso y a otro con ese cuento. El ratón fue corriendo y le dijo entonces al cordero y éste le respondió: no puedo hacer más nada que encomendarlo en mis oraciones para que tengas una muerte feliz. Finalmente le comentó a la vaca y le respondió que a ella eso no le perjudicaba, por eso, entonces, no se preocupaba.

El ratón se fue muy triste y al terminar el día, se escuchó un enorme ruido de lamento y dolor. Era la esposa del Señor de la casa, que pensando que había caído el ratón, sin prender la luz fue mordida por una serpiente venenosa que había metido su cola en la trampa.

Al enterarse su esposo, salió corriendo al hospital. Allá le dejaron salir con una fiebre muy alta. Y él pensó hacerle una buena sopa de gallina. De manera que mató a la gallina. Después sus vecinos se enteraron y fueron a visitarla y quiso matar al cordero para darles de comer.

La Señora al poco tiempo murió. Entonces el Señor llevó la vaca al matadero para cubrir los gastos de la funeraria.

Cuando reflexionamos acerca de la ayuda o el rechazo que nos dan nuestros hermanos, vemos que una simple palabra nos puede dar vida o nos anima a salir hacia delante. Pero cuando nos rechazan y tratan de darnos muerte, viene a bien la antífona del Salmo de hoy: El Señor es mi Pastor, nada me falta. Y aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo. Tu vara y tu cayado me dan seguridad.

Este Salmo es la muestra de aquélla persona que pone su confianza completa en el cayado vigilante del Buen Pastor. Ese Pastor que nos habla en Jn. 10, 1-16. Que entre tantas cosas nos dice: Yo soy la puerta: el que entra por mí estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará alimento (v.9). Yo soy el Buen Pastor y conozco a los míos como los míos me conocen a mí (v.14).

Conocer a Cristo es saber que él es capaz de posponer su descanso, su bienestar, su comida para atender y socorrer a sus ovejas. Nos lo reafirma el Evangelista Marcos, Cuando Jesús desembarcó, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque andaba como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

Podemos decir que se antepone el compartir, la compasión y la solicitud amorosa de Jesús por sus ovejas ante cualquier deseo de estar o pasarla bien.

Recuerdo que una vez, un sabio caminaba con sus amigos. Sus amigos disfrutaban de sus enseñanzas. Era interesante oírle hablar con sencillez tantos temas de profundidad.

En cierta ocasión, mientras anochecía, preguntó a sus amigos si sabían decir cuando acababa la noche y comenzaba el día.

El primero de ellos dijo:
Cuando ves a un animal a distancia y puedes distinguir si es una vaca o un caballo.
No dijo el sabio.
Cuando miras un árbol a distancia y puedes distinguir si es pino o eucalipto.
Tampoco dijo el sabio.
Está bien dijeron los amigos, nos rendimos, ¿cuándo es?
Cuando miras a un hombre al rostro y reconoces en él a tu hermano; cuando miras a la cara a una mujer y reconoces en ella a tu hermana. Si no eres capaz de esto, entonces, sea la hora que sea, aún es de noche para ti.

Finalmente hermanos, quiero terminar con las mismas palabras que termina Pablo en la segunda lectura de hoy: Así, unos a otros acercarnos al Padre, por la acción de un mismo Espíritu.

P. Marcos Linares

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